El evocador casco antiguo es testimonio del antiguo esplendor de la época de los príncipes-obispos de la ciudad, donde se han restaurado los antiguos palacios renacentistas y las Dolomitas sirven de telón de fondo, creando un ambiente muy evocador y fascinante. Entre los monumentos principales están el Palacio Pretorio, del siglo XIII, y la catedral, de estilo románico-gótico, sede del Concilio de Trento de 1543-1563, el de la Contrarreforma, que intentaba frenar la expansión de la Reforma luterana. La capital está dominada además por el majestuoso Castillo del Buonconsiglio, rodeado de imponentes murallas; mientras que, entre los edificios religiosos, destacan la majestuosa catedral de San Vigilio, del siglo XII en estilo románico-gótico, y la iglesia de Santa María la Mayor. En el resto de la provincia no te puedes perder algunas localidades con encanto, como Pinzolo, donde puedes admirar el famoso fresco del siglo XVI, la «Danza Macabra», del pintor del siglo XVI Baschenis, en la iglesia de San Vigilio; Rovereto, que alberga el moderno Mart, es decir, el Museo de Arte Moderno y Contemporáneo de Trento y Rovereto, y el Museo Histórico de la Guerra, ya que la ciudad fue escenario de combates durante la Primera Guerra Mundial; en los alrededores, merece la pena visitar el Santuario Militar de Castel Dante, donde descansan los restos de los caídos. A orillas del lago de Garda, destaca Riva del Garda, que cuenta con interesantes ejemplos arquitectónicos, entre ellos la espectacular Rocca.
